Galería
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La escultura se convierte en una forma de observación crítica del paisaje social. Allí explora los signos visibles de una comunidad y las formas repetidas —a veces disfuncionales— que componen el escenario de la vida cotidiana, para transformarlas en un lenguaje escultórico que mezcla ironía y esperanza. Estas intervenciones hacen visible aquello que, por la costumbre, se vuelve invisible: las estructuras que organizan nuestro entorno y las narraciones colectivas que contienen.
La obra de Ourly apela en su obra a la mirada lo que cada día pasa desapercibido, el paisaje urbano que a fuerza de cotidianidad se ha vuelto invisible. En este plano, el cuerpo de esculturas de Ultramuros, esta compuesto por los seres que lo habitan que se han mimetizado fundiéndose con la misma materia de la ciudad. Sin embargo estos peregrinos de la rutina, no están dispuesto a abandonar sus aspiraciones, aun anónimos y descorazonados, ellos miran hacia el frente buscan, al fin y al cabo como todos, la luz al final del camino.
Para Pierre Ourly la relación del sujeto y su entorno, siempre ha estado presente como leitmotiv de su producción artística. En Prosaico como en otras de su series precedentes, su trabajo muestra un afán personal por el tema de la identidad y pertenencia como habitantes de una urbe. En este cuerpo de obra, su exploración parece estar emplazada en un momento en el cual la reflexión por el rol del mujer a nivel global, así como las particularidades locales están teniendo lugar. En este sentido, Ourly parece orientarnos específicamente dentro de la complejidad de ser femenino y su carga – fisiológica e ideológica – en el momento de su transito hacia la madurez. La interpretación de estas piezas, cuya solvencia técnica y formal es más que evidente, abre un vasto panorama para la discusión tanto artística y poética como social y prosaica.